15.11.15

Des-conocido.

El destino es caprichoso. Es extraño.
Como tú, un extraño. Uno más, en esta vastedad en que vagamos. Uno más, y sin embargo..
No sabría decir si ha sido tu aroma lo que reconocí como algo familiar y cercano, o la profundidad sincera de tu mirada. La levedad con la que me has rozado, o esa manera de lanzar al viento lo más recóndito de ti, tu aceptación y tu calma mientras me impregnaba, como la tierra se impregna con el rocío, poco a poco, de tu confianza.
Has sido, las palabras de un amigo en labios de un desconocido. La sencillez de quien no ansía nada de lo que pueda prescindir, la inocencia de un niño contra la enfermedad de un mundo mísero e infortunado.
Has sido como un espejo sólo capaz de reflejar sonrisas. El caramelo ofrecido con dulzura a un niño. El abrazo que te sostiene al límite del precipicio.
Fuiste miedo, recelo.
Y has sido el logro de transformarte en todo lo que ya he nombrado. En ilusión, en beso inesperado, en esa sensación de los primeros rayos de luz entrando por la ventana.  Has sido las palabras agolpadas bajo el nudo del estómago y el rubor de mis mejillas.
Has sido casualidad o destino.
Sea lo que sea, has sido un día y medio sin horas ni minutos, una tregua, o el sentimiento que provoca los abrazos.
Has terminado con el extraño, ahora eres TÚ, y puedo agradecerle al mundo que no seas ningún otro.

15.5.15

Detrás de ti.

A veces vuelves a notar como, de nuevo, coloca sobre tu hombro su mano fría, con una firmeza difícil de eludir.
Y miras atrás, inclemente, tratas de intimidar a tu propio miedo. Pero el silencio ya se ha quebrado, y en sus grietas aguarda todo lo que fuiste. Su mirada es triste, pero dulce, y de nuevo lo abrazas.
El resto del mundo desaparece tras las lágrimas, y en tu cabeza repites una y otra vez que no será por mucho tiempo, que esta vez, has venido para despedirte.
Pero el perro negro siempre estará ahí, aún cuando pareces olvidar que existe.

5.1.15

De los inviernos fríos.

Llegó el invierno y con él, el viento frío, los senderos de escarcha, el descafeinado caliente y las canciones tocadas por un tímido violín.
La vida me sabía a poco, las tardes pasaban a cuentagotas entre esbozo y esbozo, entre deseos y aspiraciones de un pasado lleno de arrepentimiento. Empezaban a helarse las ganas, a latir el pecho a ritmo luctuoso.
Las demás miradas nunca habían revelado tan poco, las sonrisas se me antojaban gestos maniáticos. Caras conocidas, sin embargo, soledad. Una soledad casi premeditada, la autodestrucción creada para mi propio deleite y disfrute.
Ambición. Sueños esperando tras el vaho de los cristales, delirios de grandeza amontonados en folios de papel junto a la cama. Velas consumiéndose, un cigarro que humea. De todo lo que había, poco queda. De lo poco que queda, nada significa.

El invierno llegó, y con él, el viento frío, el descafeinado caliente, y el dolor de una helada que quebró toda esperanza. Llegó el invierno, y no dejó nada.

Por aquí han pasado..