15.5.15

Detrás de ti.

A veces vuelves a notar como, de nuevo, coloca sobre tu hombro su mano fría, con una firmeza difícil de eludir.
Y miras atrás, inclemente, tratas de intimidar a tu propio miedo. Pero el silencio ya se ha quebrado, y en sus grietas aguarda todo lo que fuiste. Su mirada es triste, pero dulce, y de nuevo lo abrazas.
El resto del mundo desaparece tras las lágrimas, y en tu cabeza repites una y otra vez que no será por mucho tiempo, que esta vez, has venido para despedirte.
Pero el perro negro siempre estará ahí, aún cuando pareces olvidar que existe.

5.1.15

De los inviernos fríos.

Llegó el invierno y con él, el viento frío, los senderos de escarcha, el descafeinado caliente y las canciones tocadas por un tímido violín.
La vida me sabía a poco, las tardes pasaban a cuentagotas entre esbozo y esbozo, entre deseos y aspiraciones de un pasado lleno de arrepentimiento. Empezaban a helarse las ganas, a latir el pecho a ritmo luctuoso.
Las demás miradas nunca habían revelado tan poco, las sonrisas se me antojaban gestos maniáticos. Caras conocidas, sin embargo, soledad. Una soledad casi premeditada, la autodestrucción creada para mi propio deleite y disfrute.
Ambición. Sueños esperando tras el vaho de los cristales, delirios de grandeza amontonados en folios de papel junto a la cama. Velas consumiéndose, un cigarro que humea. De todo lo que había, poco queda. De lo poco que queda, nada significa.

El invierno llegó, y con él, el viento frío, el descafeinado caliente, y el dolor de una helada que quebró toda esperanza. Llegó el invierno, y no dejó nada.

23.11.14

Ansiedad.

De repente me doy cuenta de que empiezo a respirar más fuerte de lo normal con la sensación de que el aire no llega a mis pulmones. Escucho el eco de mis latidos y siento un ligero hormigueo en las manos. En cuestión de segundos siento que me ahogo viéndome incapaz de controlar la forma en la que tiembla mi cuerpo.
Necesito respirar, rezo por caer inconsciente en ese momento y que vuelva la calma. De pronto no soy capaz de hablar, nada tiene sentido dentro de mi cabeza y lo único que quiero hacer es vomitar. El corazón late cada vez más rápido y con más fuerza. 
Impotente y confusa, con las ganas de gritar acumuladas en el estómago, no puedo evitar llorar.

Algo me dice basta.
Quiero dormir. Tengo arcadas. Me duele el pecho. Necesito que esto termine.
Toc.
Toc.
Toc.
Toc.
Toc.

16.11.14

Abocar al deseo como método de supervivencia.

Me acurruco entre tus recovecos para huir de los monstruos que atormentan mis noches. Inhalo profundamente tratando de llenarme de la paz con la que duermes. Exhalo despacio, consciente de que nada me abriga y protege como tus caricias.
Reconozco que has sido una salvación desde que te acercaste a mi boca.


9.11.14

Desmiento.

Estoy cansada de escucharos hablar de cómo somos las mujeres, de como somos las personas, de cómo ha de ser una relación.
Las mujeres no somos, cada mujer es. Cada hombre es. Cada persona es.

No soy mala. Tengo astucia. Y me siento bastante orgullosa de afirmar que nunca he usado algo que considero una virtud, para hacer algo que me encasillase, mínimamente, dentro de la categoría de malas personas.
No soy vengativa. Rechazo el rencor. No soy posesiva. Creo que el camino está para caminar, y cada quién ha de hacer su recorrido. No hay que arrastrar contigo a quien no quiera conseguir tus mismas metas. La libertad para escoger lo que nos hace felices es nuestra mayor oportunidad.

No le tengo un miedo atroz a envejecer sola. No me parece un castigo. Pienso que cada persona necesita su propio tiempo, y nunca es suficiente si se trata de invertirlo en explorarse, conocerse, y potenciarse; de sacar su propia esencia, de convertirse en lo que de verdad quiere ser.
Veo las relaciones como un acuerdo de respeto, una muestra de cariño, y de cierta admiración.
Cada persona en nuestra vida es un maestro. Alguien de quien aprender a crecer, alguien con quien crecer, incluso alguien a quien ayudar a crecer.

La vida es lo que queremos de nuestra vida.
Somos lo que queremos ser.

Dejemos de ser nuestra propia excusa para no ser felices.

30.10.14

Des-aparece.

Últimamente nada cicatriza, y nada sangra. 
Supongo que no me has dejado ni eso, ni las ganas de haberte conocido alguna vez. 

Deberías aprender que el perdón no se exige, y que nunca tendrás toda la razón. Que los demás importan tanto o más que tú, y que no eres, ni serás quien, para juzgar sus circunstancias. La opinión no se impone, por muy alto que se escuche tu voz. 
Si hablamos de opinión, creo que eres una sarta de mentiras que ni tú puedes llegar a creerte. Pero nadie está tan ciego, nadie salvo tú. Disfruta de todo cuanto estás eligiendo. 
Si aún te importa más tu orgullo, seguirás sin cambiar. 
Si aún crees que no tienes un problema, tienes un problema.

Alguien que un día lo intentó, y ya se cansó. 
Alguien de cuyo futuro no formarás parte.

30.5.14

De hecho..

          Al final,
el silencio se esfuma,
        con un una pausa,
acariciando mi cara,               
rozando la punta de mi nariz,              
clavado en mis pupilas
entre suspiro y suspiro.
El silencio se esfuma,
             y en silencio
                   se dice
                      todo
                      lo que se tiene que decir.

15.4.14

De mi, algunos y los demás.

Que algunos nacemos sin patria, sin bandera, y sin trayectoria. Algunos vagamos con el único propósito de disfrutar el tiempo, de conocer la felicidad.
Algunos preferimos reír con la experiencia que angustiarnos con el fracaso.
Algunos, necesitamos volar.
Los demás no saben que esto, como todo, es cuestión de aprender.

6.4.14

Dejar de volar sin alas.

La primera vez que salté por la ventana ni siquiera me había puesto la ropa de calle.
Simplemente llegó, entró en mi casa, subió de golpe la persiana y abrió la ventana de par en par. Me ayudó a incorporarme en el sofá y me llevó de la mano hasta que me encontré caminando más allá del alféizar. 
La caída fue terrible.
Cuando me desperté no era consciente de lo que había ocurrido. Ni siquiera parecía real. 
Él no estaba allí. De hecho, dejamos de vernos durante un tiempo.
Pasados unos meses decidió volver. Entro en casa y volvió a abrir mis ventanas de repente. Le pregunté. Me miró triste y su silencio fue la respuesta a mi pregunta. 

''Nunca más. Nunca más. Si vas a hacer que salte por la ventana tienes que decirme si volveremos a subir a casa juntos. Tengo que saber si también vas a darme la mano para subir. ¿Acaso querrás subir conmigo? No puedes entrar y salir cuando te apetezca. No puedes venir aquí, pedirme que saltemos e irte sin más. 
No pidas que confíe en ti. Si de verdad quieres que vayamos a volar juntos, primero aprende a dar de verdad tu mano. Porque si volvieras a soltarme cuando estemos en lo más alto, ni siquiera me molestaré en buscar nuestros pedazos por tierra cuando caigamos.
Ah, y la próxima vez que salte por esa ventana, no me volverás a pillar en pijama.
Eso, si te atreves a volver a saltar conmigo..''

22.1.14

De cómo ser feliz partiendo de una caja de mierda.

Una vez vio mis lágrimas. Las vio salir sin medida, sin limite.
Fue la última vez.
Ni yo podía cargar con el peso de mis lágrimas sobre sus hombros, ni el podría acostumbrarse a verme en esa situación.

Las palabras servían de poco ya en ese momento. Los dos sabíamos lo que sentíamos, y los dos sabíamos qué necesitábamos sentir aunque supiésemos, en lo mas hondo, que tal vez el remedio sería peor que la misma enfermedad.

Hizo la cama por última vez mientras yo me vestía. Nos miramos a los ojos, prometiéndonos mil cosas. Diciéndonos que eso sería un aparte, que no nos olvidaríamos, y que a partir de entonces todo serían sonrisas cada vez que nos encontrásemos juntos.

Esa fue la última vez que nos vimos.
Puede que, porque después de aquel momento, he sido poco más que un fantasma.


Y me dediqué a callarme, a huir. A tragar saliva para evitar el llanto, y a auto convencerme de que la felicidad de uno, es la felicidad de dos.
Y así, año tras año y al fin, conseguí una felicidad. Una, que me permitía sufrir en silencio y sonreír ante cada derrota. Una felicidad construida sobre una serie de mentiras, desilusiones y engaños. Una alfombra sobre la que caminar y bajo la que esconder toda la mierda. Una alfombra que se hizo real y que me permitió volver a ponerme en pie y avanzar de nuevo.

Pero, ¿eso esta bien?
Eso, soy yo: Alguien que limita su propia felicidad en base a la libertad y felicidad del resto de la gente. Alguien sin fuerza para luchar por sí mismo, y con la suficiente entereza para luchar por los demás.

Aún me parece la mejor forma de sentirme bien. La única forma de sentir que la felicidad no es un imposible.


Por aquí han pasado..