El número de velas que no soplé, de otoños que arrastraron sus hojas bajo mis pasos.
Dieciocho primaveras, veranos que pasan volando por las manillas de un reloj viejo.
Dieciocho años.
Saber que tienes libertad para hacer lo que quieras pero seguir haciendo lo mismo. Saber, simplemente, que tu libertad está ahí, para cuando quieras usarla.
Sinceramente el viento venía fuerte últimamente. De esos vendavales que te aplastan contra el suelo y no te dejan caminar, que te golpean con el cabello en la cara y a veces lloran para que no te sientas tan sola.
Y un once de noviembre más, un día cualquiera para la mayoría, el viento se calma y empieza a soplar a tu favor en vez de hacerlo en contra. Las doce de la noche ya no son hora de irse a casa, (nunca fui una cenicienta, la verdad). Las doce trajeron un abrazo de los que se echaban de menos, una sorpresa de las que tanto te recuerdan a esos amigos. Trajeron regalos inesperados, de esos que solo pasan una vez, de los que gritan que se acordaban de ti cuando, seamos sinceros, tú no te hubieras acordado de ellos.
La tormenta dejó salir al sol. Despertar con una llamada de amigos en vez de un despertador fue una mejor forma.
Un viaje en metro pensando en la cantidad de cosas que habían cambiado, la cantidad de sueños que se habían cumplido sin haberme dado ni cuenta, sin haberlos apreciado siquiera. Llegar a clase y encontrarte a quienes, aunque hace dos días eran desconocidos son quienes ahora te sacan las sonrisas, con una tarta que podría gustarte más que cualquier otra. Comer con un amigo sin enterarte de cuántos segundos pasan, y hablando por hablar, explicándose por explicarse..sabiendo que no hace falta. Tantas llamadas, mensajes, gestos que simplemente no esperas o no querías esperar para cuidar ese frasco de cristal frágil al que llaman ilusión.
Un día de los que el viento sopla fuerte para elevarte, para subirte alto. Alto, donde están los abrazos y el calor humano, la cercanía, el sentirse querido, muy alto.
Dieciocho años por la gente que estuvo y no está, la gente que no estaba y está, tantas personas maravillosas que podría no haber conocido, por los que quedan y a los que adoro echar de menos, y el resto de cosas que llegarán, esas que aún no conozco y por las que sé que tengo que seguir luchando.
G.R.A.C.I.A.S.
12.11.09
6.11.09
5/11. Abuela..
Llegué tarde, como siempre. La hora del café había pasado y las lágrimas no se endulzan con azúcar. Sé que no me viste, pero sé que me escuchabas. Sé que la voz es lo que mantiene con vida cuando el corazón se niega a seguir andando. Sé que pudiste sentir que te abrazaba, que te besaba, que te quería, y que lo habías sentido muchas otras veces. Sé que estuve ahí, que estaba ahí, que estoy aquí, y eso es lo que no me duele.
La edad no perdona, los años pasan golpeándo fuerte la esperanza, la fuerza. Se que tú luchaste, con el corazón y con la risa. Luchabas con chistes fáciles e historias tontas, con frases que se ganaban el cariño de cualquiera. Pero tus historias del molino se las llevó la corriente. Y a tí te llevó el viento. Un segundo, otra vez, un visto y no visto cuando dejaste de escucharnos.
Lo único que me duele es no haber podido dar más besos, más abrazos, más piropos, para que te burlases de ellos.
Me quedo con tus ganas de reir, de vivir a pesar de todo. Con el recuerdo blanco de tu pelo largo y el reflejo de mi rostro en la esperanza de tus ojos.
Me quedo contigo, siempre, abrazada, como antes de tu último suspiro. Te quedas, conmigo, y lo tengo por seguro. No voy a dejarte morir. La muerte no es más que el olvido, y digan lo que digan, hay cosas que sí son imposibles: Olvidarte es una de ellas.
La edad no perdona, los años pasan golpeándo fuerte la esperanza, la fuerza. Se que tú luchaste, con el corazón y con la risa. Luchabas con chistes fáciles e historias tontas, con frases que se ganaban el cariño de cualquiera. Pero tus historias del molino se las llevó la corriente. Y a tí te llevó el viento. Un segundo, otra vez, un visto y no visto cuando dejaste de escucharnos.
Lo único que me duele es no haber podido dar más besos, más abrazos, más piropos, para que te burlases de ellos.
Me quedo con tus ganas de reir, de vivir a pesar de todo. Con el recuerdo blanco de tu pelo largo y el reflejo de mi rostro en la esperanza de tus ojos.
Me quedo contigo, siempre, abrazada, como antes de tu último suspiro. Te quedas, conmigo, y lo tengo por seguro. No voy a dejarte morir. La muerte no es más que el olvido, y digan lo que digan, hay cosas que sí son imposibles: Olvidarte es una de ellas.
28.10.09
Contra las Barbas.
Esta no es una entrada de palabras bonitas ni nada parecido. Esta tarde, estaba viendo la tele, y cada vez me asusto más con lo que veo. España Directo sacaba la manifestación de unas mujeres coreando emocionadísimas joyitas del estilo: ''Que elija, a su pelo o a mi'' o ''Si yo me depilo, me afeito y me cuido, que él también lo haga.'' Somos idiotas, ¿verdad?
No sé si porque me gustan las barbas y el aspecto desaliñado en general, o porque de verdad me jode la cantidad de chorradas por las que nos manifestamos por aburrimiento.
Aumenta el paro, los precios suben, nos explotan, la gente se queda sin casa, los niños se mueren de hambre, las minas anti-persona destrozan cuerpos de inocentes cada minuto. Y un grupo de locas amantes de los ''metrosexuales'' que tan de moda estuvieron en su tiempo, se manifiestan pidiendo que todos los hombres se afeiten la barba cada día. Dicen que pincha. ¿Les vas a besar a todos?
En serio, ¿tanto tiempo libre tenemos? ¿Tan pocos problemas serios hay por los que manifestarse de verdad? ¿Es eso una noticia que televisar?
No sé si porque me gustan las barbas y el aspecto desaliñado en general, o porque de verdad me jode la cantidad de chorradas por las que nos manifestamos por aburrimiento.
Aumenta el paro, los precios suben, nos explotan, la gente se queda sin casa, los niños se mueren de hambre, las minas anti-persona destrozan cuerpos de inocentes cada minuto. Y un grupo de locas amantes de los ''metrosexuales'' que tan de moda estuvieron en su tiempo, se manifiestan pidiendo que todos los hombres se afeiten la barba cada día. Dicen que pincha. ¿Les vas a besar a todos?
En serio, ¿tanto tiempo libre tenemos? ¿Tan pocos problemas serios hay por los que manifestarse de verdad? ¿Es eso una noticia que televisar?
¿Tan tontos somos?
25.10.09
Como si nos sobrase la vida..
Escribo y borro. Escribo y borro. Si hay algo que odio es no convencerme con lo que escribo, no saber cómo explicar lo que siento.
Intento que nadie se de por aludido en mis lineas, que nadie se vea en mis ojos, que nadie se escuche en mi risa. Y me vence el miedo, me ahoga las palabras, para que no las leas. No se bien cómo expresarme cuando algo me importa poco ya.
Empiezo a entender la rapidez con que las promesas se marchitan. Se evapora el tiempo, huye con sonrisas desaprovechadas, con palabras sin usar, con las caricias que no se atreven a dejar las manos que las crean.
Me entristece pensar la cantidad de veces que ya me he equivocado. El miedo que me ha dejado la indiferencia ante la gente. Es que las miradas se graban tan a fuego en el pecho, que no dejan de doler las quemaduras mientras quede memoria. Y las risas, los buenos momentos, los abrazos y silencios que las lágrimas se han llevado en su corriente.
Y el tiempo que perdemos. Joder, cuenta, despacio: Un segundo. Dos segundos. Tres segundos. Cuatro. Cinco. Seis. Siete. Ocho. Nueve. Diez. ¿Cuánto puede durar un beso? Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Sólo cinco segundo más. ¿No les hubieras usado mejor diciéndole con la mirada la falta que te hace? Uno. Dos. Tres. Cuarto. Cinco. Seis. Siete. Ocho. Nueve. Diez. Es lo que puede tradar en tender su mano hacia tu rostro, acariciarte mientras se contagia de tu llanto, mientras te arrastra contra su cuerpo para abrazarte, con fuerza, pidiendo no tener que soltarte nunca.
Y nosotros, ignorantes, prepotentes, creyéndonos más fuertes que el tiempo. Nos atrevemos a perder cada segundo con mentiras, con palabras que nunca hicieron falta, con absurdos programas de televisión y no escuchando a quienes gritan por dentro necesitando un amigo. Y lo que es peor, lo perdemos jugando, jugando a querer y no amando. Jugando a besar y no sintiendo. A mirar y no expresar, a hablar y no escuchar. Lo perdemos en abrazos que no damos, en caricias que no regalamos, en risas que no hacemos salir, en lágrimas de gente que dañamos.
Lo perdemos no siendo todo lo que podemos ser, todo lo que podemos hacer que los demás sean. Dejamos huir al tiempo con lo mejor de nosotros sin haberlo utilizado..como si nos sobrase la vida.
Intento que nadie se de por aludido en mis lineas, que nadie se vea en mis ojos, que nadie se escuche en mi risa. Y me vence el miedo, me ahoga las palabras, para que no las leas. No se bien cómo expresarme cuando algo me importa poco ya.
Empiezo a entender la rapidez con que las promesas se marchitan. Se evapora el tiempo, huye con sonrisas desaprovechadas, con palabras sin usar, con las caricias que no se atreven a dejar las manos que las crean.
Me entristece pensar la cantidad de veces que ya me he equivocado. El miedo que me ha dejado la indiferencia ante la gente. Es que las miradas se graban tan a fuego en el pecho, que no dejan de doler las quemaduras mientras quede memoria. Y las risas, los buenos momentos, los abrazos y silencios que las lágrimas se han llevado en su corriente.
Y el tiempo que perdemos. Joder, cuenta, despacio: Un segundo. Dos segundos. Tres segundos. Cuatro. Cinco. Seis. Siete. Ocho. Nueve. Diez. ¿Cuánto puede durar un beso? Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Sólo cinco segundo más. ¿No les hubieras usado mejor diciéndole con la mirada la falta que te hace? Uno. Dos. Tres. Cuarto. Cinco. Seis. Siete. Ocho. Nueve. Diez. Es lo que puede tradar en tender su mano hacia tu rostro, acariciarte mientras se contagia de tu llanto, mientras te arrastra contra su cuerpo para abrazarte, con fuerza, pidiendo no tener que soltarte nunca.
Y nosotros, ignorantes, prepotentes, creyéndonos más fuertes que el tiempo. Nos atrevemos a perder cada segundo con mentiras, con palabras que nunca hicieron falta, con absurdos programas de televisión y no escuchando a quienes gritan por dentro necesitando un amigo. Y lo que es peor, lo perdemos jugando, jugando a querer y no amando. Jugando a besar y no sintiendo. A mirar y no expresar, a hablar y no escuchar. Lo perdemos en abrazos que no damos, en caricias que no regalamos, en risas que no hacemos salir, en lágrimas de gente que dañamos.
Lo perdemos no siendo todo lo que podemos ser, todo lo que podemos hacer que los demás sean. Dejamos huir al tiempo con lo mejor de nosotros sin haberlo utilizado..como si nos sobrase la vida.
21.10.09
Me duele la cabeza..
Me duele la cabeza. ¿Es culpa del viento? ¿La mañana? ¿Es resaca?
Me duele la cabeza y me marean las voces tan altas de la gente. Me marea la circulación y ver la tele. Me marea pensar la cantidad de cosas que hacen que ahora me maree. El sonido de las teclas, las luces parpadeantes, los timbres, el hambre, el despertador, los hospitales.
Me duele la cabeza. Me duele de miedo, de rabia, de aburrimiento, de falta de inspiración. Me duele de mentiras, de intolerancia, de desamor.
Me duele la cabeza tanto..
Necesito una copa, tal vez dos. Tal vez se emborrachen los sentidos y se nuble el pensamiento, como la vista. Como cuando me mareo, que se nubla la vida y se le quita color. Me marea el color.
No sé ni quién ni dónde. No sé ni cómo ni cuándo. No se ni qué, ni por qué.
Sólo se que me duele la cabeza, tanto que...no sé.
Me duele la cabeza.
Me duele la cabeza y me marean las voces tan altas de la gente. Me marea la circulación y ver la tele. Me marea pensar la cantidad de cosas que hacen que ahora me maree. El sonido de las teclas, las luces parpadeantes, los timbres, el hambre, el despertador, los hospitales.
Me duele la cabeza. Me duele de miedo, de rabia, de aburrimiento, de falta de inspiración. Me duele de mentiras, de intolerancia, de desamor.
Me duele la cabeza tanto..
Necesito una copa, tal vez dos. Tal vez se emborrachen los sentidos y se nuble el pensamiento, como la vista. Como cuando me mareo, que se nubla la vida y se le quita color. Me marea el color.
No sé ni quién ni dónde. No sé ni cómo ni cuándo. No se ni qué, ni por qué.
Sólo se que me duele la cabeza, tanto que...no sé.
Me duele la cabeza.
17.10.09
Una cama helada.
No puedo empezar diciendo que te echo de menos. No hay un quién. No puedo decir que echo de menos un beso, ¿qué gracia tiene la humedad de otros labios? No estoy perdida porque no buscaba un lugar, porque no tengo un sitio. Una vez más, el otoño cae sobre un montón de sentimientos hechos barro, secándose al frío del viento, endureciendo un corazón que se muere de ganas de tener un dueño.
El vaho del espejo no me deja ver mi rostro entristecido, entristecido por una mañana de café sin azúcar. El tacto a punto de congelarse apenas me permite dibujar un corazón roto que deje ver facciones al azar. Y me alegro, porque entonces el dibujo suplicaría su nombre.
Y al meterme en la cama el estómago se encoge vacío. La piel, helada, grita de dolor porque no encuentra quien le quite los escalofríos. Y esque está tan encogida el alma que no se tocan, y la piel se siente lejos. Y el corazón, despierta entre bostezos porque la mirada llama llorando a su puerta. Ella necesita una sonrisa que le abrigue estos días fríos de otoño, sonrisa que no sale porque no sabe por quién esbozarse.
Ahora, entiendo que sí echo de menos. Echo de menos que huelan a pasión las sábanas y sepan a amor los besos. Que el tacto sea ternura y compresión, que apague el llanto. Que las caricias sean de picar entre comidas, y las comidas estén hechas de miradas, miradas de esas que se dicen todo y no molestan al silencio, para que no tengan que ser interrumpidas las sonrisas con palabras.
Echo de menos poder dibujar con el pensamiento un rostro, unas manos, instantes en el tiempo, recuerdos, que sean incapaces de ser sustituidos por un simple corazón. Echo de menos que algo sea tan sencillo que resulte imposible de explicar si no es de la forma más compleja. Echo de menos sentirme con otras manos, verme con otros ojos. Echo de menos tener algo que echar de menos con una sonrisa en la cara y brillo en la mirada.
Y me meto en la cama, tan grande, tan fría, tan sola..
Perdonad si hay erratas, hay textos que es mejor improvisar.
El vaho del espejo no me deja ver mi rostro entristecido, entristecido por una mañana de café sin azúcar. El tacto a punto de congelarse apenas me permite dibujar un corazón roto que deje ver facciones al azar. Y me alegro, porque entonces el dibujo suplicaría su nombre.
Y al meterme en la cama el estómago se encoge vacío. La piel, helada, grita de dolor porque no encuentra quien le quite los escalofríos. Y esque está tan encogida el alma que no se tocan, y la piel se siente lejos. Y el corazón, despierta entre bostezos porque la mirada llama llorando a su puerta. Ella necesita una sonrisa que le abrigue estos días fríos de otoño, sonrisa que no sale porque no sabe por quién esbozarse.
Ahora, entiendo que sí echo de menos. Echo de menos que huelan a pasión las sábanas y sepan a amor los besos. Que el tacto sea ternura y compresión, que apague el llanto. Que las caricias sean de picar entre comidas, y las comidas estén hechas de miradas, miradas de esas que se dicen todo y no molestan al silencio, para que no tengan que ser interrumpidas las sonrisas con palabras.
Echo de menos poder dibujar con el pensamiento un rostro, unas manos, instantes en el tiempo, recuerdos, que sean incapaces de ser sustituidos por un simple corazón. Echo de menos que algo sea tan sencillo que resulte imposible de explicar si no es de la forma más compleja. Echo de menos sentirme con otras manos, verme con otros ojos. Echo de menos tener algo que echar de menos con una sonrisa en la cara y brillo en la mirada.
Y me meto en la cama, tan grande, tan fría, tan sola..
Perdonad si hay erratas, hay textos que es mejor improvisar.
14.10.09
Caricias y roces.
Acércate. Más.
Y no importa lo cerca que estés porque si no me tocas me parecerá una infinidad más lejos.
Y es verdad.
Puede que tengas a alguien a 1 metro y medio, pero exiende su brazo hacia tu brazo, y en el momento en que te roza, está ahí, está cerca, está contigo.
En cambio, imagina, ese alguien, a 20 centimetros, hablándote casi al oido. Sin rozarte. Su presencia se vuelve mucho más efímera.
¿Lo notan?
Nunca me había fijado tanto en lo que significa una sola caricia, en lo facil que es sentir a alguien cerca, cerca de verdad con un solo roce, y en lo muchísimo que se echa de menos no sentirlo.
Y no importa lo cerca que estés porque si no me tocas me parecerá una infinidad más lejos.
Y es verdad.
Puede que tengas a alguien a 1 metro y medio, pero exiende su brazo hacia tu brazo, y en el momento en que te roza, está ahí, está cerca, está contigo.
En cambio, imagina, ese alguien, a 20 centimetros, hablándote casi al oido. Sin rozarte. Su presencia se vuelve mucho más efímera.
¿Lo notan?
Nunca me había fijado tanto en lo que significa una sola caricia, en lo facil que es sentir a alguien cerca, cerca de verdad con un solo roce, y en lo muchísimo que se echa de menos no sentirlo.
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