17.6.09

¿Puede alguien oler a felicidad?

Todo el mundo les odiaba. Su piel era morena, más de lo que era considerado "normal". Vestían pantalones pesqueros, y vaqueros rotos y desgastados. Llevaban camisa marrón, blanca en realidad, pero era marrón.
Y todos les miraban, señalaban y fruncían el ceño. Todos eran "otro", uno más. Y de todos, ninguno era bien recibido.

A mi me gustaban. Olían a feria. A noche y luces de colores.



Me recordaban a los tiovivos. A la sonrisa de un niño pequeño. A la ilusión de mamá saludando desde abajo. A las risas y la música de una infancia feliz.

Y ellos, él, como era como un tiovivo. Él era igual. Él me hacía girar, subir y bajar en el aire. Sentirme pequeña, ilusionada. Él era mis ganas de feria y luces de colores. Él era más dulce que el algodón de azúcar y las manzanas de caramelo.

1 comentario:

VuelaLibre dijo...

Y que nunca dejaba de sonreír U_U

Por aquí han pasado..