9.7.09
De noche. De la vida entera.
No me gusta que el mundo gire pasando dos veces por el mismo sitio. Odio perderme, y si doy muchas vueltas me mareo. Y acabaré vomitando lo peor de mi.. No sé si lágrimas, silencio amargo, una carrera o..simple olvido. Todas son horribles.
Me gusta la carretera, recta e infinita. El horizonte sereno. Las puestas de sol en el esfalto, y en el mar. La calma, lo etéreo.
Me gusta que el viento me toque la piel, que me haga estremecer su roce como el de una caricia. Me gusta que sea suave.
Me gusta contradecirme en cosas vanales. Pero la sencillez, la claridad en lo humano.
¿Sabes? La vida es ya demasiado compleja. Me gusta hacerlo fácil.
Me gusta que la vida siga. Horizontal en su camino. No quiero girar, no me gusta marearme. No quiero ascender rápido, me da vértigo la altura de lo bello, de lo mágico, de lo mejor.
Me da miedo la vida, porque no tiene mapa.
Me gusta desaparecer, para ver desde dentro. Con tus ojos vidriosos y tu sonrisa incandescente. Más blanca cuanto más mira, cuando se le sale el alma entre los dientes.
Me gustaría ser quien te echa del cuerpo el alma. Para entonces salir y llevarla hasta mi. Entrar en mi cuerpo, con ella, y sabértelo ya todo.
Y entonces, no tendría que girar, sino abrazarte, y que gire todo lo demás. Y volvernos etereos. Y que sea eterno, como el aire.
¿Y...si encuentro a alguien tan inasible? Puro aire, hecho de suspiros. que hipnotice como el humo, y sólo con cariño se deje agarrar, y arrastrar, muy pocos metros. Para quedarse con ganas de más. Para no acabar nunca...para ser siempre.
¿Y si lo encontrase..? Tal vez ya..no supiese qué hacer con él, sino..soplar susurros. Silencio perfecto y sonrisa idiota.
Tal vez, eso fuese lo mas estúpido.
Empieza a ser la hora de dormir...
5.7.09
Pongamos que hablo...de Madrid.
Miradas que analizaban, conocían o reconocían dependiendo del momento. Miradas que se sonreían o escuchaban con atención.
Algún silencio que otro, que..tan solo podía preguntarse si era cómodo o incómodo, o qué pasaría si hubiese mucho silencio más. Silencio que se escapaba en miradas difusas a cuanto rodeaba la escena, en una sonrisa, o un gesto para quitarse el molesto sol de la vista, antes de poder ser cómodo o incómodo, simple silencio.
Sonrisas mirando al suelo. Sonrisas que decían por si solas que era feliz, que no esperaba aquello, que estaba a gusto. Sonrisas porque el aire olía bien, a compañía inmejorable y a Madrid, a actividad desbordante. Olía a futuro, tal vez muy diferente, pero a futuro.
29.6.09
Fuerte, sin vértigo, sin frío.

De pronto alguien me cogió del hombro. Aún soñaba, pero me dijo que yo era fuerte.
Y desperté, con los ojos como platos, y empañados.
Creo que durante días me sentí mareada, demasiado vértigo. Pero se esfumó.
Y si lloraba ya, era del frio del mes de Junio. Brillando el sol, y no los ojos. Muerta de frio, hasta que alguien me cogió del hombro, y repitió diciendome al oido que yo era fuerte.
Ya no estoy soñando..
Así que en Julio sí hace calor. Y ahora puedo subir tan alto como quiera. Se cómo volar sola.
22.6.09
Un mundo de latex.
Se nos quedó pequeño el mundo entero. Cada rincón había sido testigo de nuestros besos, caricias o miradas. Todos ya habían oído nuestra risa.
Y entonces pensé en el único lugar que me quedaba siempre grande. Enorme. Como un mar inmenso y frío en el que yo era la única balsa, a punto de naufragar.
-Mi cama aún no ha sentido tus latidos.
Y el lugar más grande se convirtió en nuestro mundo entero. En mi colchón, hecho a medida para dos, para nosotros.
17.6.09
¿Puede alguien oler a felicidad?
Y todos les miraban, señalaban y fruncían el ceño. Todos eran "otro", uno más. Y de todos, ninguno era bien recibido.
A mi me gustaban. Olían a feria. A noche y luces de colores.
Y ellos, él, como era como un tiovivo. Él era igual. Él me hacía girar, subir y bajar en el aire. Sentirme pequeña, ilusionada. Él era mis ganas de feria y luces de colores. Él era más dulce que el algodón de azúcar y las manzanas de caramelo.
15.6.09
Insomnio.
Y como cada Otoño las flores terminaron de secarse. El césped se volvió áspero. Eso es, tal vez, que no llovió. Pero quizá, sólo quizá, aquel Noviembre las hojas no temblaban de frío sino de miedo. Un miedo que contagiamos a cuanto podía alcanzarse.Puede ser por eso que le tenga miedo al miedo. Y lo dije sin tenerlo, sin saber apenas qué era.
En definitiva, una vez más y como siempre, tuve razón. ''Yo no soy M. No seré M''. No en aquel final. Creo al menos, que me consuela..
8.6.09
Sabor Ginebra.
La miraba confuso, casi con arrepentimiento, por primera vez se mostraba susceptible, como un bloque de hielo al que se acerca la primavera. Y ella supo aprovechar la ocasión, sacando fuerza del baúl de la memoria de lo que un día fue, dio un paso hacia delante, el primero de los que la empujaron a salir de allí. Ni siquiera se molesto en caminar deprisa, no tenía de que huir. Caminando firme, pasó por su lado atravesando el quicio de la puerta, dejando atrás la penumbra casi misteriosa y algo húmeda de su dormitorio, rozando su brazo con magnífica perfección improvisada. Y en realidad sólo pasaron segundos cuando salió de casa, pero todo parecía una vieja película muda en blanco y negro reproducida a cámara lenta; su maravillosa película romántica era ahora una tragedia de los años veinte.
Y él no tuvo más que hacer que verla marchar a lo largo del pasillo, a la vez que observaba la habitación tan lóbrega y vacía, aún con el olor de su perfume favorito. Apoyó la cabeza contra el marco de la puerta, de lado y con suavidad. Cerró los ojos con fuerza y se mordió el labio inferior en un gesto de rabia y decepción, de lamento que se escapó con aquellos pensamientos que no habían sido planeados.
5.6.09
Alias 'Calientapollas'
Lo cual es a la vez bastante absurdo al contar con el olvido.
¿Quién hoy recuerda aquel beso?
Yo, cabizbaja sobre tu hombro, alcé la mirada. Nuestras miradas chocaron, en las dos, se reflejaban equitativamente la duda y el deseo de tenernos más cerca que nunca. Ganó el deseo. Poco a poco y sin darnos cuenta fuimos acercándonos, y sin dejar de mirarnos a los ojos, rozó sus labios con los míos. Nada más. Mis ojos se cerraron justo en aquel momento. Instantes después, otra vez tus ojos clavados en los míos, sin hablar, tu mirada de duda se había transformado en una mirada que decía: ‘Quiero besarte’. Y mi mirada de miedo a equivocarme ahora decía: ‘Hazlo’. De nuevo se chocaron nuestros labios, dos veces se rozaron de una forma tan suave, tan dulce que hacía estremecer.
Un fuerte nudo en el estómago, se deshacía justo antes de hacer perder el conocimiento, un segundo antes de la asfixia. El temblor de piernas llegó a los talones, desapareciendo en el cuerpo, pero haciendo temblar y girar todo cuanto a nuestro alrededor quedó…
¿Quién hoy lo recuerda y no sabe ya cómo es?

